lunes, 27 de agosto de 2018

Ultraje

Entro a la habitación como siempre, sin imaginar qué tipo de cliente estará dentro. 

Soy Minerva de 18 años, 1.57, cabello negro, ojos expresivos y con lentes, un cuerpo firme y bien proporcionado.

“Date la vuelta, quiero verte bien”
 Me di la vuelta despacio y él quedó embobado. Sé que mi vestido rojo entallado robó su atención. Su voz era grave. Mientras me doy la vuelta, levanto la mirada y estaba un tipo gordo con barba crecida, calvo, con un par de tatuajes y aroma a cigarrillo.

“Ven acá y ponte de rodillas ahora”, señalándome un lugar. Se acerca y se para enfrente de mí. Me ordena bajarle la cremallera con la boca, cosa que hice sin rebatir, aunque su manera de pedirlo fuese desagradable.

“¡Saca mi verga y chupala ya maldita Zorra!”. Saqué el pene del individuo que ya estaba duro y comienzo a chuparla, metiéndola despacio en mi boca, mojándola con mi saliva, pasando mis manos por sus bolas y masturbando su enorme y grueso pene. Me dan arcadas al meterlo hasta el fondo de mi garganta. Él empujaba mi cabeza hasta hacer que quisiera vomitar.

Me agarra del cabello levantándome. Acerca su cara a mi oído diciendo: “Te doy saco maldita perra”. Y me avienta a la cama de un golpe en mi mejilla.

Me quedo tumbada sobre la cama boca abajo. Él se acerca, mete sus manos bajo mi vestido, y de un tirón me arranca el tanga. Lo huele, y me susurra al oído:
“Sigues oliendo tan deliciosa putita Minerva”. Se viene a mi mente enseguida que me conoce, pero no me es familiar.
Hace una bola con mi tanga y me la mete en la boca. Forcejeo para que no lo haga y él me abofetea. 

Abre mis piernas todo lo que doy de sí. Sin ningún preámbulo, me introduce muy fuerte dos de sus rechonchos dedos, haciendo que me duela por no estar lubricada aún, haciendo que se me escape un quejido de dolor y una lagrimilla.

Por mi mente pasa que esto no va a terminar bien y el temor me invade.
Intento revolverme para que me deje tranquila. Pero se abalanza con su cuerpo sobre mi, acercando su cara a mi vagina, aspirando mi aroma y volviendo a meter su dedos de golpe. Mi grito es inútil. Él sabe bien que eso pondría en alerta al los chicos de seguridad del prostíbulo.

Me levanto como puedo de la cama y trato de patalear para que me deje tranquila. No puedo evitar temer por mi vida, y no dejo de sollozar y tratar de pedirle que me deje en paz. Me arrincona en una pared quitándome el vestido bruscamente, repitiendo una y otra vez mi nombre: “Minerva, Minerva, qué puta más rica” mientras besa mis pechos, mordiéndome y lamiéndolos. Me quejo por los mordiscos y los golpes que recibí. Mete los dedos en mi boca, me saca la tanga, y comienza a besarme llenando mis labios de sus asquerosas babas, y tratando me meter su viscosa lengua en mi boca.

Yo no lo aguanto más, y le araño la cara para apartarlo de mi, y le doy un mordisco en el brazo todo lo fuerte que puedo para zafarme. Él me toma del cabello 
y de un tirón, arranca la sábana de la cama, y me rodea el cuerpo de cintura para arriba con ella para que no pueda escapar.

Después quita la otra sábana de la cama, y vuelve a tirarme sobre la cama , atando mi cuerpo a ella, dejandome totalmente a su merced,coge la segunda sábana, y la ata a mis tobillos y a la cama, dejándome totalmente inmovilizada.

Él se planta delante de mi, se baja los pantalones y me mete su polla sin contemplaciones haciendo que mi coñito se abra más de la cuenta y haciéndome heridas. Empieza a darme una embestida tras otra a cual más fuerte. Yo no dejo de llorar de dolor y de impotencia. Él no deja de recrearse viéndome así, lo que le produce más placer y más ganas de hacerlo más y más fuerte... 

Cuando se cansa, me desata los pies, cosa que agradezco, porque me estaba doliendo el cuerpo por la postura. Me gira sobre mi misma, siguiendo atrapada en la sábana, pero esta vez me deja boca abajo, y con las piernas colgando de la cama. Mientras me sube una de las piernas sobre la cama, me dice:
“Por fin voy a poder romperte ese culito que nunca me dejaste, puta ramera, te las dabas de chica buena y eres una maldita perra y lo pienso disfrutar te guste o no”.

Acto seguido y de un sólo empujón vuelve a penetrarme hundiendo toda su polla dentro de mi ano, volviendo a hacerme heridas y provocándome un dolor muy intenso. Yo no dejo de llorar desconsoladamente, sólo pido que se acabe pronto mi sufrimiento, y me deje allí abandonada.

Mi cara está golpeada, mi cuerpo mordisqueado, y heridas con sangre. Mientras los pensamientos de culpa invaden mi cabeza, haciendo que desconecte y no sienta nada, él se recrea una y otra vez con sus penetraciones. Mientras grita como si estuviera en un rodeo, y azota mi culo con su mano una y otra vez. “¿Te duele maldita? ¿Sientes mi verga? ¡La verga que rechazaste en la prepa por tirarte al profesor!”. De mi boca solo salen gemidos de dolor hayy ooo.... Saca su polla y me levanta para ponerme de rodillas y masturbase frente a mi cara. “¡Abre tu boca maldita perra!”. Deja salir todo su semen sobre mi rostro. Sube su pantalón y se marcha.


Quedo tirada en el piso tratando de recordar quien pudo ser ese tipo que me violó...